Consagración a María

Consagración a María

Entregarse a María es el camino más seguro hacia Jesucristo

Consagrarse a María no es adorarla — es confiarle nuestra vida para que ella nos lleve a su Hijo. Es decirle: "Madre, no sé caminar solo. Tómame de la mano." San Luis María de Montfort, el gran apóstol de esta devoción, la llamó "el camino más corto, más fácil y más seguro hacia Jesús".

Consagración a María — Según San Luis María de Montfort

Esta es la consagración más completa de la tradición mariana. San Juan Pablo II la hizo de joven y la vivió toda su vida, adoptando como lema pontificio las palabras de Montfort: Totus Tuus — Todo tuyo.

Yo, [nombre], pecador indigno,
renuevo y ratifico hoy en tus manos, oh María Inmaculada,
los votos de mi Bautismo.
Renuncio para siempre a Satanás,
a sus pompas y a sus obras,
y me entrego enteramente a Jesucristo,
la Sabiduría Encarnada,
para llevar mi cruz en pos de Él
todos los días de mi vida.

Y para ser más fiel que hasta ahora,
yo te elijo hoy, en presencia de toda la corte celestial,
por mi Madre y Señora.
Te entrego y consagro, en calidad de esclavo,
mi cuerpo y mi alma,
mis bienes interiores y exteriores,
y el valor mismo de mis buenas obras
pasadas, presentes y futuras,
dejándote el pleno derecho de disponer de mí
y de todo lo que me pertenece, sin excepción,
según tu beneplácito,
para la mayor gloria de Dios,
en el tiempo y en la eternidad.

Amén.

Qué significa cada parte

"Renuevo los votos de mi Bautismo"

La consagración no es algo nuevo — es redescubrir lo que ya prometimos en el Bautismo. Renunciamos al mal y nos entregamos a Dios. María nos ayuda a cumplir esa promesa que otros hicieron por nosotros cuando éramos bebés.

"Te elijo por mi Madre y Señora"

Es un acto de voluntad libre y consciente. Jesús ya nos dio a María como Madre desde la Cruz. Nosotros la aceptamos explícitamente, con el corazón, y la elegimos como guía de nuestra vida.

"Te entrego mi cuerpo y mi alma, mis bienes, mis obras"

La entrega es total — no hay nada que quedarse. Montfort incluye hasta las buenas obras pasadas y futuras. No porque María se las quede, sino porque ella las ordena mejor que nosotros hacia Dios.

"En calidad de esclavo"

Una palabra que hoy suena fuerte, pero que Montfort usa en su sentido espiritual más elevado: el esclavo de amor que se entrega libremente por amor, no por miedo. Es la entrega total del hijo a la madre.

"Para la mayor gloria de Dios"

El fin último no es María — es Dios. Toda la consagración apunta hacia allá. María es el camino, Jesús es el destino.

"El camino más corto, más fácil y más seguro para llegar a Jesús es María."— San Luis María de Montfort, Tratado de la Verdadera Devoción

 

El Totus Tuus de San Juan Pablo II

San Juan Pablo II hizo la consagración de Montfort cuando era joven seminarista en Polonia. Quedó tan marcado por ella que cuando fue elegido Papa adoptó como lema: Totus Tuus — "Todo tuyo" — dirigido a María.

No era solo un lema decorativo. Era su programa de vida. En cada viaje, en cada decisión difícil, en el momento del atentado en 1981, su primer pensamiento fue para María. Pidió que lo llevaran a la capilla antes que al quirófano.

La oración que él repetía frecuentemente, tomada de Montfort, era:

 
Totus Tuus — San Juan Pablo II
 
Totus Tuus ego sum, et omnia mea tua sunt.
Todo tuyo soy, y todo lo mío es tuyo.

María, Madre mía, me entrego a ti totalmente.
Tómame de la mano y llévame a tu Hijo Jesús.
Que mi vida entera sea un acto de amor
y confianza en ti.

Amén.

 

Una consagración sencilla para rezar cada día

No hace falta esperar los 33 días de preparación de Montfort para consagrarse a María. Puedes comenzar hoy con esta oración breve y renovarla cada mañana. La consagración no es un momento — es una actitud de vida.

 
Consagración diaria a María
 
María, Madre mía,
hoy te entrego este día — mis pensamientos, mis palabras,
mis alegrías y mis cruces.
Tomá todo lo que soy y llevalo a Jesús.
Que nada de lo que haga hoy
se aparte de su voluntad.

Totus Tuus. Todo tuyo.

Amén.

 

¿Cómo prepararse para la consagración?

San Luis María de Montfort propone una preparación de 33 días — en honor a los años de vida de Jesús — dividida en cuatro etapas de oración y reflexión. Al final de los 33 días, se hace la consagración formal, idealmente en una fiesta mariana.

Las fechas más elegidas para hacer la consagración son el 8 de diciembre — la Inmaculada Concepción — y el 15 de agosto — la Asunción de María.

Pero lo más importante no es la preparación perfecta. Lo más importante es el corazón que se entrega. María recibe a todos — al que se preparó 33 días y al que se arrodilla hoy por primera vez.

María, Madre nuestra, recibe esta consagración y llevanos a tu Hijo Jesús.

Totus Tuus. ¡Todo tuyo!

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